Festival de la muerte

Written by John Doe on lunes, 27 de diciembre de 2010 at 11:12

ANTIGUO EGIPTO
En el primer mes (Thot) de la Inundación (Ajet) se realizaba la festividad de Wag. Más precisamente el día 18. Se visitaba la parte accesible de las tumbas para dejar ofrecimientos a los difuntos. Para muchas familias era la oportunidad de reunirse, al mismo tiempo que era un evento público para la élite con procesiones de antorchas, etc. Los muertos, por supuesto, eran no sólo recordados ese día ya que era necesario tener aliados en el inframundo que vigilaran los intereses de los vivos.

One spoke with the other, seeking benefactions for the departed (dead), to present libations of water, to offer upon the altar, to enrich the offering tablet at the first of every season, at the monthly feast of the first of the month, the feast of the coming forth of the sem, the feast of the night offerings on the fifth of the month, the feast of the sixth of the month, the feast of Hakro (hAkrA), the feast of Wag (wAg), the feast of Thoth, and at the first of every season of heaven, and of the earth.
J. H. Breasted, Ancient Records of Egypt, Part Two, §35
GRECIA
 Las Antesterias se celebraban durante tres días en el mes Antesterion (febrero) en honor al dios Dioniso y en recuerdo de los difuntos.
La fiesta comenzaba con “la apertura de las jarras”. Con el ritual de la apertura de grandes jarras de vino, se evocaba la salida colectiva de los muertos del mundo subterráneo, precisamente a través del vino, elemento líquido asociado a Dioniso como ningún otro, que servía de canal o paso directo entre los muertos y el mundo de los vivos.
Luego se abría el templo más antiguo dedicado a Dioniso, el del Pantano de Atenas, que sólo se utilizaba en esa fecha. Ese era el día de las “libaciones a los muertos”, mediante las cuales se provocaba la venida del dios, su epifanía. Para ello se derramaba abundante vino, en señal de ofrenda a los muertos y a su representante, Dioniso.
En Atenas, la llegada del dios tenía lugar en dos sitios a la vez: en la orilla del Pantano, junto a su templo, y a orillas del mar; y se festejaba su entrada en la ciudad mediante una procesión en la que el dios, venido del mar, se paseaba por la ciudad sobre un barco con ruedas.
Acompañado por sátiros enmascarados, Dioniso atraviesa las calles con su cortejo infernal: se percibe un terrible escándalo entre el sonar de las flautas y tamboriles, además de los gritos que jóvenes subidos en carros lanzaban a la asistencia. También desfilaban jóvenes vestidos en disfraces, y todos iban avanzando al son de la música con pasos de baile.
La procesión es vista como un auténtico advenimiento de los espíritus, y causaba al mismo tiempo terror y fascinación.
Las jóvenes, a su vez, protagonizan el ritual de los columpios,  ligado también, como los demás, a la muerte: el juego del balancín de las jóvenes atenienses que, mientras se columpian, entonan canciones obscenas, simboliza la peculiar forma de integración de las niñas en el mundo de la sexualidad, según Dioniso, pues recuerda el ahorcamiento que protagonizaron algunas mujeres en el mito, desesperadas de amor.
La fiesta de este día culminaba en la unión sagrada del dios con la βασσίλινα, la reina, la mujer del arconte rey, que tenía lugar en el ágora.La reina, la mujer del arconte rey, que en época clásica no es más que un magistrado designado a suertes para desempeñar el cargo durante un año, representa a todas las mujeres y, en general, a toda la ciudad, que se rinde ante el dios y se deja invadir por los poderes que representa: la muerte, la sexualidad...
Durante todo el día, la ciudad está bajo el dominio de Dioniso y su cohorte: salvo el del Pantano, los templos están cerrados y ya no protegen la ciudad, más bien se protegen ellos mismos, cercados con un cordón, de las fuerzas subterráneas; se embadurnan las puertas de las casas con pez para evitar que los muertos traspasen los umbrales; los hombres se emborrachan; las vírgenes se columpian; las asistentes de la reina realizan sacrificios en los altares del Pantano (civilizado recuerdo del descuartizamiento que realizaban las ménades en el mito); allí cerca se derrama agua en abundancia para que las almas la beban, o trepen por ella para salir a la superficie de la tierra; allí mismo también se rinde culto a la diosa Tierra.
El tercer día, el de las marmitas, dedicado a Hermes, por ser el guía de las almas, todos participan de un banquete en el que se comía un puré hecho a partir de diversos cereales, el mismo que ofrecían a los muertos en las vasijas de barro que dan nombre al día; también se les daba de beber, derramando agua en las grietas del suelo próximas al Pantano.Y, tras alimentarlos, se les despedía, con amenazas y a bastonazos: ¡Fuera de aquí, o Keres, las Antesterias han terminado!

ROMA
Los Lemuralia se realizaban durante tres días impares en el mes de mayo (9-11-13) para exorcizar a los lemures o larvae de las casas. Los romanos creían que en estas fechas los fantasmas salían de sus tumbas y hostigaban a sus familiares. Para conjurarlos se realizaban ceremonias públicas (de las que no sabemos nada) y ritos privados en el seno de cada familia. Sobre estos ritos escribe Ovidio en el libro de Fasti. Allí el autor latino no sólo explica el origen de este festival sino que también cuenta el ritual en detalle.
El responsable de la domus debía levantarse a medianoche, hacer una señal de protección, lavarse las manos y juntar nueve habas negras. Luego, descalzo, debía ir tirando de a una las habas por sobre el hombro para que el espíritu las recogiera y se fuera feliz: haec ego mitto; his redimo meque meosque fabis.
Al parecer una de las principales motivaciones de los lemures para abandonar su morada ultraterrena (más allá de sus ansias de venganza) era el deseo de probar alimentos humanos. Por eso era frecuente que algunos de los mosaicos que decoraban los pisos de las casas representasen alimentos como una especie de ofrenda sustitutiva a los espíritus.
Era una fecha peligrosa. Los templos permanecían cerrados y no se celebraban casamientos en todo el mes (mense maio malae nubent).

CELTAS
Samhain ("fin del verano" en gaélico) es la festividad en la que la noche del 31 de octubre al 1 de noviembre se celebraba el final de la temporada de cosechas en la cultura celta y era considerada como el "Año Nuevo Celta", que comenzaba con la estación oscura. Es tanto una fiesta de transición como de apertura al otro mundo.  La festividad céltica del Samhain se describe como una comunión con los espíritus de los difuntos que, en esta fecha, tenían autorización para caminar entre los vivos, dándosele a la gente la oportunidad de reunirse con sus antepasados muertos. Para mantener a los espíritus contentos y alejar a los malos de sus hogares, dejaban comida fuera, una tradición que evolucionó convirtiéndose en lo que hoy hacen los niños yendo de casa en casa pidiendo dulces. Con el tiempo se convertiría en el moderno Halloween.

CHINA
El quinceavo día del séptimo mes en el calendario lunar, el reino de los cielos y el infierno abren sus puertas para permitir la salida de todos los espíritus en el festival de los fantasmas hambrientos o Zhong Yuan Jie.
Los espíritus que deambulan en este día son aquellos que no han recibido un funeral adecuado, o a quienes no les fue dada la atención y reconocimiento merecidos antes de su muerte.
La tradición indica que Mu Lian, un monje discípulo de Buda, utilizó sus poderes de clarividencia para descubrir que el fantasma de su madre, debido a su avaricia, permanecía encerrado en el Reino de los Fantasmas Hambrientos, lo cual le impedía reencarnar. Buda fue quien sugirió a Mu Lian que colocara un plato de comida y un asiento vacío, y que a través de un rito, invocase a los fantasmas hambrientos para que puedan alimentarse. Así, Mu Lian consiguió que su madre fuese liberada para reencarnar en un animal.
Esta leyenda dio lugar a uno de los tantos rituales que se realizan ese mes: las familias colocan un plato de comida en la mesa, dejando una silla libre, para que los fantasmas hambrientos que ya se han ido puedan visitarlos y comer junto a ellos. Esta predisposición, a su vez, es considerada de buena suerte, trayendo mejores cosechas y alejando a los malos espíritus con intenciones dañinas.   
No sólo las familias ponen un plato a la mesa: eventos multitudinarios se dan en todo el país, como festines dedicados a agasajar especialmente a los espíritus, e incluso espectáculos musicales y obras teatrales en los cuales se reservan las primeras filas para que los fantasmas puedan sentarse y disfrutar de la actuación que algunos artistas le dedican.
En el transcurso del día, los habitantes permanecen resguardados por temor a las diversas supersticiones que abundan sobre este festival. Algunas indican que los niños pueden ser poseídos, por lo que no se les permite salir por la noche. Además, no está permitido nadar, por temor a los espíritus que se ocultan en las aguas. Se dice que sólo los valientes se acercan a las playas en esta fecha, desafiando el latente peligro de ser arrastrados a las profundidades por fuerzas oscuras.
Otro curioso ritual que suele darse en varias partes de China en el contexto de este festival, es el de quemar ofrendas hechas de papel con la forma de bienes materiales codiciados, tales como casas, televisores autos, e incluso dinero especial para ser utilizado en el mundo de los espíritus.
Nadie sabe cómo son, pueden hacerse pasar por  personas o animales, o simplemente ser una sombra que se desliza con un silbido o una brisa fresca en la cara.
Si les interesa, les recomiendo la película The Maid que trata sobre esta festividad en Singapur.

 JAPÓN
En Japón existe una temporada en la que los vivos y los muertos comen, beben, bailan y juegan juntos dí­a y noche sin parar, en un ambiente repleto de luz, espiritualidad y regocijo. Es el Festival de Obon, también conocido como día de los difuntos o fiesta de las almas.
El Obon se celebra en Japón desde principios del siglo VII a.C., y desde entonces permite a los japoneses recordar y rendir tributo a sus antepasados y difuntos. En realidad un festejo durante el cual familias enteras acostumbran a peregrinar por el cementerio y visitar el templo, o tumba de algún ser querido, y preparar algunos de los alimentos preferidos de su difunto para que disfrute de ellos.
También se acostumbra a tocar los tambores taiko y bailar Bon Odori, danzas tradicionales que de acuerdo a la tradición, sirven para “agradar y expresar agradecimiento a los espí­ritus”. El fuego también es un elemento fundamental en esta celebración. Los japoneses colocan faroles a la entrada de la casa, para “guiar” a los espíritus a sus hogares. También utilizan farolillos flotantes que colocan en el mar, río o laguna, para encaminar nuevamente a las ánimas de regreso al mundo espiritual.


MÉXICO
El Día de Muertos es una celebración mexicana de origen prehispánico que honra a los difuntos los días 1 y 2 de noviembre.
El Día de Muertos es un día festejado también en el Brasil, como Dia dos Finados, aunque esta festividad no tiene las mismas raíces precolombinas que la festividad mexicana.
Los orígenes de la celebración del Día de Muertos en México son anteriores a la llegada de los españoles. Hay registro de celebraciones en las etnias mexica, maya, purépecha y totonaca. Los rituales que celebran la vida de los ancestros se realizan en estas civilizaciones por lo menos desde hace tres mil años. En la era prehispánica era común la práctica de conservar los cráneos como trofeos y mostrarlos durante los rituales que simbolizaban la muerte y el renacimiento.
El festival que se convirtió en el Día de Muertos se conmemoraba el noveno mes del calendario solar mexica, cerca del inicio de agosto, y se celebraba durante un mes completo. Las festividades eran presididas por la diosa Mictecacíhuatl, conocida como la "Dama de la Muerte"  y esposa de Mictlantecuhtli, Señor de la tierra de los muertos. Las festividades eran dedicadas a la celebración de los niños y las vidas de parientes fallecidos.
Para los antiguos mesoamericanos, la muerte no tenía las connotaciones morales de la religión católica, en la que las ideas de infierno y paraíso sirven para castigar o premiar. Por el contrario, ellos creían que los rumbos destinados a las almas de los muertos estaban determinados por el tipo de muerte que habían tenido, y no por su comportamiento en la vida.
De esta forma, las direcciones que podrían tomar los muertos son:
El Tlalocan o paraíso de Tláloc, dios de la lluvia. A este sitio se dirigían aquellos que morían en circunstancias relacionadas con el agua.
El Omeyocan, paraíso del sol, presidido por Huitzilopochtli, el dios de la guerra. A este lugar llegaban sólo los muertos en combate, los cautivos que se sacrificaban y las mujeres que morían en el parto. Los muertos que iban al Omeyocan, después de cuatro años, volvían al mundo, convertidos en aves de plumas multicolores y hermosas.
El Mictlán, destinado a quienes morían de muerte natural. Este lugar era habitado por Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl, señor y señora de la muerte. Era un sitio muy oscuro, sin ventanas, del que ya no era posible salir.
Por su parte, los niños muertos tenían un lugar especial, llamado Chichihuacuauhco, donde se encontraba un árbol de cuyas ramas goteaba leche, para que se alimentaran. Los niños que llegaban aquí volverían a la tierra cuando se destruyese la raza que la habitaba. De esta forma, de la muerte renacería la vida.
Los entierros prehispánicos eran acompañados de ofrendas que contenían dos tipos de objetos: los que, en vida, habían sido utilizados por el muerto, y los que podría necesitar en su tránsito al inframundo.
Las fechas en honor de los muertos son y eran tan importantes que les dedicaban dos meses. Durante el mes llamado Tlaxochimaco se llevaba a cabo la celebración denominada Miccailhuitontli o fiesta de los muertitos, alrededor del 16 de julio. Esta fiesta iniciaba cuando se cortaba en el bosque el árbol llamado xócotl, al cual le quitaban la corteza y le ponían flores para adornarlo. En la celebración participaban todos, y se hacían ofrendas al árbol durante veinte días.
En el décimo mes del calendario se celebraba la Ueymicailhuitl o fiesta de los muertos grandes. Esta celebración se llevaba a cabo alrededor del 5 de agosto, cuando decían que caía el xócotl. En esta fiesta se realizaban procesiones que concluían con rondas en torno al árbol. Se acostumbraba realizar sacrificios de personas y se hacían grandes comidas. Después, ponían una figura de bledo en la punta del árbol y danzaban, vestidos con plumas preciosas y cascabeles. Al finalizar la fiesta, los jóvenes subían al árbol para quitar la figura, se derribaba el xócotl y terminaba la celebración.

ARGENTINA
Antes en el Día de los fieles difuntos la gente iba al cementerio a llevar flores aprovechando el asueto. Ahora ya no hay más feriado ese día, por lo que la tradición ya casi ha desaparecido por completo. La excepción está en las provincias del noroeste, como en Jujuy.
La leyenda dice que Dios abre las puertas del cielo y los difuntos bajan a la tierra a ver a sus seres queridos y por ello los familiares y amigos los reciben con todas las cosas que le gustaban en vida, y se cree que se quedan entre nosotros desde el mediodía del 1 de noviembre hasta el mediodía del día siguiente. Es por ello que en ambos días se realizan diferentes rituales que incluyen preparaciones especiales, misas, visitas a los cementerios con el despacho final de las ofrendas preparadas, y sobre todo los sentimientos encontrados de alegría y tristeza simultáneamente.
En sí el ritual es realizado fundamentalmente por las familias que han perdido un ser querido durante los tres años consecutivos del fallecimiento, y a medida que van pasando los años la solemnidad y el esfuerzo en la preparación del ritual van disminuyendo. A pesar de esto la costumbre de llevar coloridas flores de papel al cementerio sigue muy arraigada. El día 1 de noviembre se arma una gran mesa en la casa a la que volverá el difunto al mundo, con ofrendas que consisten en todas las cosas que a este le gustaba comer y beber. Aunque algunas tradiciones en cuanto a la preparación pueden ir variando generalmente se arma esta gran mesa llamada Mesa de las Ofrendas, allí se ponen velas y flores en el centro, un vaso con agua bendita, cítricos partidos por la mitad, una torta blanca con el nombre del difunto (de la que luego se destinara la mejor parte a la Pachamama), panes especialmente elaborados con en formas de escaleritas, cruces, llamas, ángeles, etc., y se coloca una imagen del difunto en la cabecera de la mesa. Se arman coronas con flores de papel de distinto color según sea adulto o niño y  se recuerda al difunto charlando sobre él en la familia y con los amigos mientras circulan bebidas como café, vino, chicha y se fuma por el finado. Todas estas ofrendas son elaboradas pacientemente días antes por los familiares y amigos y permanecen en la Mesa de las Ofrendas hasta el día 2 de noviembre, cuando todo aquello “que no comió el almita” son compartidas entre los parientes y amigos. Luego van al cementerio a llevar las ofrendas.


Varias Fuentes.

                                                                                                                                                                        

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John Doe

Blogger. Ex estudiante de antropología de la Universidad de Buenos Aires. Mis "héroes" son James Frazer,Mircea Eliade, Joseph Campbell y Vladimir Propp.

 
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