10 vampiros de la televisión
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Historias de ultratumba
Hace unos meses empecé a ver con gran interés la serie "American Horror Story" sobre una casa embrujada en Los Angeles. No hay nada mejor que una buena historia de fantasmas y al principio me enganchó. Pero luego del episodio doble de "Halloween" todo se comenzó a derrumbar (al menos para mí). Desapareció el misterio y la superpoblación de fantasmas (sin aspecto fantasmal, claro) quitó todo suspenso. La casa se convirtió en un hostel de fantasmas que bien podrían haber salido de alguna comedia como High Spirits (1988), The Great Ghost Rescue (2011) o Beetlejuice (1988). De hecho, el capítulo final es un engendro que mezcla Beetlejuice con La profecía (1976) sin darse cuenta de que ambas pertenecen a distinto género. Igual terminé de ver la primera temporada por curiosidad, aunque considerándola como una serie de humor, no ya de terror. Por otro lado, hay muchas cosas que no se entienden, pero creo que es por desidia más que por el deseo de instalar dudas al estilo Lost.
Así, por ejemplo, hay una jerarquía de fantasmas que tiene que ver con la jerarquía actoral. Si el actor es importante y el personaje está en primera línea en la trama (como Tate, Hayden o Chad), el fantasma aparece perfecto y sin marcas que indiquen que está muerto. Hablan con la gente, usan relojes caros, decoran casas y hasta tienen sexo con los vivos... el único problema es que están en prisión domiciliaria. Pero si el personaje está en segunda línea y el actor es un bolo (las enfermeras, los gemelos, la familia Harvey), bueno, preparate para ver maquillaje tipo Halloween... sangre, quemaduras, etc. No es muy coherente.
Una buena película con fantasmas poseyendo una casa es Los otros (2001), pero debe ser difícil reproducir algo así en una serie.
Las citas a El bebé de Rosemary (1968) estaban buenas, pero si quiero ver una escena casi calcada de la película de Polanski, veo la película de Polanski.
Como sea.... Empezó bien y luego decayó. La historia de amor adolescente onda Crepúsculo -chica emo enamorada de un psicópata-fantasma- no ayudó tampoco.
Decepcionado, me puse a ver la serie de Discovery "HISTORIAS DE ULTRATUMBA" (A Haunting) que reproduce historias reales de fantasmas. Como son 39 episodios (que se pueden consultar acá), aún me queda mucho.
Los capítulos se pueden conseguir online doblados al castellano. La mayoría están en youtube divididos en partes. El hecho de que se trate de historias reales las hace mucho más interesantes. Algunas de las casas que nombran están a la venta (¡y cómo!) y pueden verlas en esta página inmobiliaria.
(A propósito, la casa de la serie "American Horror Story" es real aunque no está embrujada ni nada por el estilo. Fue construida por un famoso arquitecto y vale millones: leer)
Les dejo para ver la primera parte del piloto de "Historias de ultratumba" (luego se filmó una película sobre este mismo caso):
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Maten a las porristas
En una vuelta de tuerca a la frase de Héroes: "Save the Cheerleader, Save the world" (salva a la porrista, salva al mundo), el capítulo de la serie inglesa Misfits de esta semana (temp.3, ep.7) nos dice que hay que matar a las porristas para salvar al mundo. ¿Por qué lo traigo a colación? Primero porque es genial y segundo porque es una cruza entre Cementerio de animales y Shaun of the dead. Si no vieron ningún capítulo de la serie, les cuento que trata de un par de chicos que adquieren superpoderes mientras estaban haciendo trabajo comunitario por diferentes delitos. En éste, uno de ellos consigue el poder de resucitar a los muertos, pero claro... todos sabemos que eso significa ¡zombies! Zombies vampíricos un poco más pensantes que los de The Walking Men, pero igual de hambrientos.
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Vampire High
"Vampire High" es una serie canadiense que duró una temporada (2001-2002) dirigida al público adolescente. La trama está centrada en un grupo de jóvenes vampiros que son llevados por los "Elders" a un internado para que interactúen con humanos y evitar así una guerra civil. Obviamente van a aparecer problemas amorosos y nuevos enemigos.
El foco está puesto en los cinco vampiros y sus historias en el exclusivo internado Mansbridge Manor para jóvenes problemáticos.
Lamentablemente la serie no se consigue en español.
Les paso los links para verla en Megavideo (creo que también está en youtube):
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Secta de sangre
"Kindred: The Embraced"es una serie norteamericana de 1996 basada en el juego de rol "Vampire: The Masquerade" de White Wolf. El juego está situado en el Mundo de las Tinieblas y la clave reside en que los vampiros - agrupados en clanes - deben evitar que los humanos se enteren de su existencia. Para más información, pueden visitar wikipedia o la página dedicada a los jugadores.
En la serie, la historia está centrada en Julian Luna, el príncipe en San Francisco que lidera los clanes vampíricos y se enamora de una periodista humana.
Son apenas 8 episodios. Lamentablemente el actor protagónico murió en un accidente ese mismo año a los 34 años.
Les paso una foto de Mark Frankel (Julian Luna), el actor que falleció de Kindred.
La crítica de la serie es muy buena (no la he visto todavía) y la vi recomendada en varios foros como antecesora de True Blood.
Acá pueden ver el primer capítulo doblado en español (series 21):
Y acá la pueden descargar en dual (Taringa). Los subtítulos no se consiguen.
De modo online, también se consigue dual en cinecafam
Parece interesante....
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Serie de vampiros gay
Cosas que uno descubre en la red. Después del éxito de "Queer as Folk" (la británica y la norteamericana), la televisión yanqui empezó a pensar en otras series focalizadas en la homosexualidad.
En 2004 (y por tres temporadas) hubo en Estados Unidos una serie llamada "Dante's Cove" sobre una pareja gay que debe enfrentarse a fuerzas sobrenaturales. De esta serie surgió el spin off "The Lair" que comenzó en 2007 y también tuvo tres temporadas. No he visto ninguna de las dos, pero por lo que leí la última posee una trama telenovelesca:
"The Lair" (la guarida) es un club privado gay regenteado por vampiros que lo utilizan para atraer jóvenes y alimentarse de ellos. El protagonista, Thom, es un periodista que empieza a investigar las muertes de varios hombres, con lo cual pone en peligro a su novio y llama la atención del jefe de los vampiros quien ve en Thom la reencarnación de su amante muerto. Sí, es un poco bizarra.
Pero para series bizarras de vampiros prefiero "True Blood". Ahí también hay un club regenteado por vampiros y no me extrañaría que en cualquier momento aparezca el tema de la reencarnación...Hum... ¿No es el tema de "The vampire diaries"?
Las críticas hablan del bajo presupuesto y de malas actuaciones.
Acá pueden descargar la temporada 1 en inglés sin subtítulos o acá con subtítulos en español con registro previo a la página. Tres temporadas. En este otro link, pueden ver las dos primeras temporadas online.
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Treehouse of horror - II parte
Video en inglés que muestra a Hugh Laurie y Daniel Radcliffe poniendo sus voces para el episodio. ¿No aman el acento británico?
http://expedientevampirico.blogspot.com/2011/04/treehouse-of-horror-xxi.html
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Treehouse of Horror XXI
La otra noche vi por FOX el nuevo episodio de Noche de Brujas de Los Simpson (temporada 22!!!) que cuenta tres historias, siendo la tercera una parodia de Crepúsculo.
La primera historia "War and Pieces" es para mí la más floja de las tres. Tiene mucho de Jumanji, pero ya me olvidé cómo terminaba.Hay también una referencia a Titanic.
La segunda "Master and Cadaver" es la que tiene la mejor trama ya que tiene de base El cuchillo bajo el agua (1962) de Roman Polanski. Homero y Marge salen a navegar en su segunda luna de miel y encuentran a Roger (Hugh - Dr. House - Laurie), un náufrago que dice haber escapado de una masacre. Claro que Homero no le cree y decide deshacerse de él. Al final hay una excelente cita a La naranja mecánica. Si no vieron La Naranja Mecánica no saben lo que se pierden. De yapa abajo les dejo el trailer del film de Stanley Kubrick.
Pero volvamos a Los Simpson. La tercera parte se llama "Tweenlight" (luz adolescente) y es una encomiable parodia de Crepúsculo. Acá Lisa tiene el rol de Bella. El misterioso nuevo estudiante, Edmund está interpretado nada menos que por Daniel Radcliffe (Harry Potter) aunque la caricatura está basada en Robert Pattinson.
Por supuesto, Homero y el padre de Edmond hacen pasar vergüenza a sus hijos (un comentario aparte merece Milhouse como hombre-poodle). Van juntos a Dracula-la Land donde residen todos los vampiros. Ahí podemos ver al Drácula de Coppola, Nosferatu, Grandpa Munster, Blacula, Elvira, Selene y el muppet vampiro de Plaza Sésamo. No cuento el final porque es mucho mejor verlo:
Y acá el trailer prometido (también recomiendo la novela de Burgess)
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Luna de sangre
Ayer vi por AXN este capítulo de la serie CSI. Ya no está más Grissom, pero aún la sigo (después de tantas temporadas!) porque sigue siendo entretenida.
El tercer episodio de la 11º temporada "Blood Moon" trata sobre vampiros y hombres lobos. Una convención de vampiros y otras criaturas en Las Vegas y un tipo decapitado con una hachuela. Todo es posible en la capital mundial del entretenimiento (de hecho, en este momento hay allá un show llamado Bites con chicas en topless y música de Ozzy Osbourne). No cuento más del episodio, excepto que los CSI indican algo verdadero: las enzimas humanas no pueden digerir la sangre. Si tengo tiempo mañana escribiré algo sobre qué pasa con los vampiros en esa situación. Los verdaderos, no los de cosplay que usan lentes de contacto.
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American Vampire League
Algunos videos realizados en torno a True Blood (HBO). Todos están en inglés sin subtítulos :(
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Mis series favoritas
Agatha Christie's Poirot: todos los casos del famoso detective belga Hércules Poirot interpretado magníficamente por David Suchet. ¿No leyeron nada de Agatha Christie? Les recomiendo Sangre en la piscina y El triste ciprés. Yo fui concebido y amamantado entre novelas de Agatha Christie.
Algo habrán hecho por la historia argentina: Una manera entretenida de revisar la historia argentina. Sé que Felipe Pigna es muy cuestionado dentro del ámbito académico de los historiadores, pero es mejor que las figuritas del Billiken.
Apparitions: miniserie británica sobre un exorcista. Buena para verla en relación con The Rite. A propósito, el martes fui a la Avant Premiere de esta película y la actuación de Anthony Hopkins es espectacular. Vale la pena.
Brideshead Revisited: adaptación de la novela homónima de Evelyn Waugh. La miniserie de 1981 es terriblemente fiel a la novela (hasta tiene los mismos diálogos) y actúa Jeremy Irons, siempre un placer.
CSI: Las Vegas: La serie original sobre investigación criminalística. Me encanta el personaje de Gil Grissom con su pasión por los insectos. El capítulo doble dirigido por Quentin Tarantino es genial y los asesinatos de las miniaturas dan para una novela policial.
Desperate Romantics: miniserie inglesa sobre los pintores prerrafaelistas: Dante Gabriel Rossetti, Millais y Holman Hunt. No es la típica serie de época y se toma bastantes libertades artísticas... creo que por eso mismo engancha tanto.
Dexter: Otra preferida. La historia del asesino - justiciero serial Dexter Morgan. No hay temporada mala hasta ahora. La veía por cable (Fox) para hacerla durar más.
El garante: miniserie argentina con Lito Cruz como el diablo. De lo mejorcito que se ha hecho en el país.
Harper's Island: Un grupo de amigos se reúne para un casamiento pero poco a poco todos irán siendo asesinados. Es una miniserie con forma de película 'slasher'.
I, Claudius: miniserie británica bastante vieja basada en dos novelas de Robert Graves: Yo, Claudio y Claudio, el dios y su esposa Mesalina. Una buena manera de adentrarse en la historia del Imperio Romano. También recomiendo las novelas. Leí Yo, Claudio en la adolescencia y me fascinó.
Inspector Morse: policial basada en la serie de novelas de Colin Dexter. El inspector Morse es un detective brillante de Oxford, alcohólico y amante de la música clásica. Cada episodio es una película. Se consigue vía torrent. Creo que Film & Arts está pasando su spin-off: Lewis.
Law and Order: UVE: Para mi gusto, la mejor del conjunto La ley y el Orden. Muy buenas actuaciones con invitados especiales. Me falta ver la última temporada.
Life on Mars (UK): Una de las mejores series que he visto en mi vida. Un policía sufre un accidente y mientras una parte de él está en coma en el hospital, la otra viaja a 1973. Vean la versión original británica, por favor.
Lost: ¿Qué puedo decir de Lost? Todavía me cuesta aceptar que ha terminado. Era una adicción. Tuvo algunas temporadas malas, pero aún así está en el podio. ¿Mis personajes preferidos? En orden: John Locke, Desmond Hume, Benjamin Linus, Daniel Faraday, Richard, el gemelo malvado alias humo negro.
Lost in Austen: Miniserie que se mete en el mundo de Jane Austen cuando una lectora fanática de Orgullo y Prejuicio entra a Longbourn a través de su baño. Es una comedia, claro.
Midsomer Murders: Policial en cierto modo similar a Inspector Morse, salvo que los crímenes ocurren en una zona rural en vez de en Oxford. Se consiguen en torrent.
Pride and Prejudice (1995): famosa adaptación televisiva de la novela de Jane Austen en 6 episodios. No conozco a nadie que se le haya resistido. Esta miniserie es la culpable del actual gusto de la BBC por historias de época. Colin Firth parodia su actuación como Darcy en El diario de Bridget Jones.
Rome: Por fin una serie que abandona el tono pomposo para referirse a Roma. La serie parte de la lucha entre Julio César y Pompeyo y termina con el comienzo del imperio. Ideal para ver antes de Yo, Claudio. Claro que se toma sus licencias históricas, pero es televisión. Y como es televisión todo está condimentado con mucho sexo. Pulgares arriba para Ciarán Hinds (el amigo Julius) y Kevin McKidd (Lucius Vorenus).
Spartacus: sangre y arena: otra vez Roma pero de la época republicana. La historia versionada del célebre Espartaco. Sexo y sangre a raudales. Actúan John Hannah y Lucy Lawless (Xena). Me falta ver la segunda temporada, que en verdad es una precuela.
Taken: excelente miniserie sobre el tema de los OVNIS a través de cinco generaciones. Steven Spielberg apoyó el proyecto y se nota por qué.
The Tudors: la historia de Enrique VIII, sus esposas y los inicios de la Iglesia de Inglaterra. Las primeras dos temporadas son las mejores. Ana Bolena es bellísima y actúan Sam Neill (cardenal Wolsey) y Jeremy Northam (Tomás Moro). Conspiraciones por doquier.
The Walking Dead: serie de zombies con estilo cinematográfico. Los tres primeros capítulos son impresionantes. Van a continuarla este año con más episodios.
True Blood: ¿Qué puedo decir de True Blood que ya no haya dicho? La serie tiene fallidos, pero el concepto original aún me atrae.
Twin Peaks: Serie de culto que gira alrededor del asesinato de Laura Palmer y los extraños personajes del pueblo fronterizo de Twin Peaks. Y en el centro el agente Cooper con su afición por el Tibet, las donas y el café negro. "Los buhos no son lo que parecen". La segunda temporada no es tan buena como la primera pero resulta interesante ver actuar al director, David Lynch. Esta serie influyó en X Files, por ejemplo. Nunca fui fanático de X Files, pero Fox Mulder es uno de mis personajes favoritos y David Duchovny actúa también en Twin Peaks en un pequeño papel.
V Invasión extraterrestre (la original): Invasión extraterrestre de corte nazi con seres reptilianos que desayunan ratones. Peinados ochentosos y el recuerdo de conversar en los recreos de la escuela (yo aún iba a la primaria) sobre las vicisitudes de los personajes. Lástima el final inconcluso, pero cancelaron la serie.
Dead like me: una chica muere cuando se le cae encima el inodoro de la estación espacial MIR y debe convertirse en una parca. Así empieza.
Get Smart: Clásico de los clásicos. El super agente 86, temible operario del recontraespionaje. ¿Quién puede olvidarse de la 99, de Jaime o del cono del silencio?
The Big Bang Theory: La dan por Warner Channel. ¡Bazinga!
Pendientes: Six Feet Under (vi sólo la primera temporada y quiero más), Carnivale (me la recomendaron especialmente), Lie to me (me convencieron de ver unos capítulos y me interesó), Boardwalk Empire (Scorsese y no se diga más), Oz, Wallander.
En los títulos de las series les dejo algunos links diversos.
No sé si esta entrada dice mucho de las series en sí, pero dice mucho sobre mí... si saben interpretarlo :)
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Telenovela de vampiros
Conde Vrolok
Chile no se quiso quedar afuera de la moda vampírica y sacó una telenovela por TVN. En Argentina, lamentablemente, no salimos de Gran Hermano y los escándalos de Tinelli. Muy poca ficción.
En tiempos de guerra, 1880, un misterioso forastero llega a una pequeña localidad llamada Santa Barbara. El pueblo reacciona con desconfianza a la visita de éste misterioso personaje, la llegada de éste hombre atractivo, seductor y elegante cambia totalmente el destino de éste pueblo. Ahora de regreso en Santa Bárbara, el conde Domingo Vrolok (sinónimo de vampiro en eslovaco) desata las pasiones de las mujeres y la envidia de los hombres, mientras las sospechas acerca del pasado del extranjero irán en aumento. Pronto, el conde tendrá que enfrentar su condición al enamorarse de la mujer equivocada; Emilia Verdugo, pero la legendaria maldición que aqueja a los de su raza será más poderosa que el amor.
La telenovela se puede descargar o ver online en youtube.
Capítulo 1
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Capítulo 2
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Capítulo 3
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Capítulo 4
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Capítulo 5
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Capítulo 6
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Capítulo 7
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Capítulo 8
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Capítulo 9
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Capítulo 10
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Capítulo 11
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Capítulo 12
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Capitulo 13
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Capítulo 14
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Capítulo 15
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Capítulo 16
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Capítulo 17
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Capítulo 18
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Capítulo 19
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Capítulo 20
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Capítulo 21
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Capítulo 22
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Capítulo 23
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Capítulo 24
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Capítulo 25
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Capítulo 26
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Capítulo 27
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Capítulo 28
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Capítulo 29
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Capítulo 30
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Capítulo 31
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Capítulo 32
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Capítulo 33
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Capítulo 34
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Capítulo 35
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Capítulo 36
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Capítulo 37
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Capítulo 38
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Capítulo 39
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Capítulo 40
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Capítulo 41
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Capítulo 42
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Capítulo 43
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Capítulo 44
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Capítulo 45
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Capítulo 46
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Capítulo 47
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Capítulo 48
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Capítulo 49
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Capítulo 50
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Capítulo 51
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Capítulo 52
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Capítulo 53
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Capítulo 54
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Capítulo 55
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Capítulo 56
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Capítulo 57
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Capítulo 59
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Capítulo 60
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Capítulo 61
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Capítulo 62
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Capítulo 64
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Capítulo 65
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Capítulo 66
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Capítulo 67
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Capítulo 68
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Capítulo 69
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Capítulo 70
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Capítulo 71
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Capítulo 72
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Capítulo 73
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Capítulo 74
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Capítulo 75
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Capítulo 76
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Capítulo 77
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Capítulo 78
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Capítulo 79
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Capítulo 80
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Capítulo 81
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Capítulo 82
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Capítulo 83
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Capítulo 84
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Capítulo 85
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Capítulo 86
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Capítulo 87
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Capítulo 88
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Capítulo 89
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Capítulo 90
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Capítulo 91
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Capítulo 92
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Capítulo 93
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Capítulo 94
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Capítulo 95
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Capítulo 96
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Capítulo 97
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Capítulo 98
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Capítulo 99
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Capítulo 100
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Capítulo 101
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Capítulo 102
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Capítulo 103 (final)
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Split
Es una serie de origen israelí sobre una adolescente mitad vampiro, mitad humana. Se estrenó en Boomerang este año.
Copio la info de la serie:
La serie trata sobre una
Ella conoce a Leo, un vampiro de 500 años. Por primera vez en su vida se siente atraída por un chico, no entiende que le está pasando y trata de ocultar su feminidad. Leo es perfecto. Es impecable y confiado en sí mismo, muchas veces demasiado, ya que no le teme a nada. Junto con Omer, se verán envueltos en una rebelión en contra del Consejo Vampiro y también deberán enfrentarse a "La Orden de Sangre".
Al estilo de Cris Morena (y "Casi ángeles", etc), la serie tiene canciones y probablemente sea un éxito entre las jovencitas.
La pueden ver subtitulada en youtube:
http://www.youtube.com/watch?v=_Ue5TQPZvvo&feature=related
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Scooby Doo: el castillo de Frankenstein
"A Gaggle of Galloping Ghosts" es un episodio de la serie animada Scooby Doo de la primera temporada (1969). Me encantaba esta serie. Hablo de la original. Brujas, fantasmas, momias: era el sueño de todo chico. Según Wikipedia, este capítulo trata de:
Los chicos van a visitar el castillo de Frankenstein, que fue transportado piedra por piedra desde Transilvania. Sin escuchar las advertencias de una gitana y del vigilante del castillo, los chicos entran y, después de que Daphne es secuestrada, descubren que al parecer el castillo está habitado por 3 monstruos: un vampiro, un hombre lobo, y el monstruo de Frankenstein. La famosa frase: "¡Y lo habría conseguido de no haber sido por estos chicos entrometidos y su perro!" aparece por primera vez.
Acá conseguí el episodio, pero en inglés sin subtítulos. Lo siento. Igual se entiende.
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Aliento de vampiro
"Vampire breath" es el episodio 17 de la segunda temporada de la serie infanto-juvenil "Escalofríos" (Goosebumps). La serie está basada en los libros de Robert Lawrence Stine. Recuerdo haber visto algún capítulo por canal 9 un sábado al mediodía. Long long time ago...
Ahora pueden ver este episodio vampírico doblado al español.
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Santuario II
Acabo de ver el episodio 10 de la segunda temporada de "Sanctuary" - "Sleepers" - y... bueno, si no fuera porque se emitió antes de que yo comenzara el blog de manera oficial, diría que el guionista leyó mi entrada sobre el origen de los vampiros. Eso sólo me deja la opción de que haya un vampiro real como asesor de la serie. Muchos programas yanquis tienen consultores, gente del FBI, psicólogos, etc. Este tiene a un vampiro.
No es que lo que suceda en la serie sea completamente veraz, pero se acerca bastante. Toda la explicación de la activación del gen es increíblemente precisa (pueden ver el episodio online al final de esta entrada)
Otro hecho extraño es que citen al escritor argentino Jorge Luis Borges con este cuento:
El primer artículo (A) es de 1944 y apareció en el número 115 de la revista Sur; el segundo, de 1946, es una revisión del primero. Deliberadamente, no hice de los dos uno solo, por entender que la lectura de dos textos análogos puede facilitar la comprensión de una materia indócil.
Una palabra sobre el título. No se me oculta que éste es un ejemplo del monstruo que los lógicos han denominado contradictio in adjecto, porque decir que es nueva (o antigua) una refutación del tiempo es atribuirle un predicado de índole temporal, que instaura la noción que el sujeto quiere destruir. Lo dejo, sin embargo, para que su ligerísima burla pruebe que no exagero is importancia de estos juegos verbales. Por lo demás, tan saturado y animado de tiempo está nuestro lenguaje que es muy posible que no haya en estas hojas una sentencia que de algún modo no lo exija o lo invoque.
Dedico estos ejercicios a mi ascendiente Juan Crisóstomo Lafinur (1797-1824), que ha dejado a las letras argentinas algún endecasílabo memorable y que trató de reformar la enseñanza de la filosofía, purificándola de sombras teológicas y exponiendo en la cátedra los principios de Locke y de Condillac. Murió en el destierro; le tocaron, como a todos los hombres, malos tiempos en que vivir. [1]
El Milindra Pañha ha sido vertido al inglés por Rhys Davids (Oxford, 1890, 1894).
I
Dos argumentos me abocaron a esa refutación: el idealismo de Berkeley, el principio de los indiscernibles, de Leibniz.
Berkeley (Principles of Human Knowledge, 3) observó: “Todos admitirán que ni nuestros pensamientos ni nuestras pasiones ni las ideas formadas por nuestra imaginación existen sin la mente. No menos claro es para mí que las diversas sensaciones, o ideas impresas en los sentidos, de cualquier modo que se combinen (id est, cualquiera sea el objeto que formen), no pueden existir más que en una mente que las perciba... Afirmo que esta mesa existe; es decir, la veo y la toco. Si al estar fuera de mi escritorio, afirmo lo mismo, sólo quiero decir que si estuviera aquí la percibiría, o que la percibe algún otro espíritu. Hablar de la existencia absoluta de cosas inanimadas, sin relación al hecho de si las perciben o no, es para mi insensato. Su esse es percipi; no es posible que existan fuera de las mentes que las perciben”. En el párrafo 23 agregó, previniendo objeciones: “Pero, se dirá, nada es más fácil que imaginar árboles en un prado o libros en una biblioteca, y nadie cerca de ellos que los percibe. En efecto, nada es más fácil. Pero, os pregunto, ¿que habéis hecho sino formar en la mente algunas ideas que llamáis libros o árboles y omitir al mismo tiempo la idea de alguien que los percibe? Vosotros, mientras tanto, ¿no los pensábais? No niego que la mente sea capaz de imaginar ideas; niego que los objetos puedan existir fuera de la mente.” En otro párralo, el número 6, ya había declarado: “Hay verdades tan claras que para verlas nos basta abrir los ojos. Una de ellas es la importante verdad: Todo el coro del cielo y los aditamentos de la tierra —todos los cuerpos que componen la poderosa fábrica del universo— no existen fuera de una mente; no tienen otro ser que ser percibidos; no existen cuando no los pensamos, o sólo existen en la mente de un Espíritu Eterno”.
Tal es, en las palabras de su inventor, la doctrina idealista. Comprenderla es fácil; lo difícil es pensar dentro de su límite. El mismo Schopenhauer, al exponerla, comete negligencias culpables. En las primeras líneas del primer libro de su Welt als Wille and Vorstellung —año de 1819— formula esta declaración que lo hace acreedor a la imperecedera perplejidad de todos los hombres: “El mundo es mi representación. El hombre que confiesa esta verdad sabe claramente que no conoce un sol ni una tierra, sino tan sólo unos ojos que ven un sol y una mano que siente el contacto de una tierra.” Es decir, para el idealista Schopenhauer los ojos y la mano del hombre son menos ilusorios o aparenciales que la tierra y el sol. En 1844, publica un tomo complementario. En su primer capítulo redescubre y agrava el antiguo error: define el universo como un fenómeno cerebral y distingue “el mundo en la cabeza” del “mundo fuera de la cabeza”. Berkeley, sin embargo, le había hecho decir a Philonous en 1713: “El cerebro de que hablas, siendo una cosa sensible, sólo puede existir en la mente. Yo querría saber si te parece razonable la conjetura de que una idea o cosa en la mente ocasiona todas las otras. Si contestas que sí, ¿cómo explicarás el origen de esa idea primaria o cerebro?”. Al dualismo o cerebrísmo de Schopenhauer, también es justo contraponer el monismo de Spiller. Éste (The Mind of Man, capítulo VIII, 1902) arguye que la retina y la superficie cutánea invocadas para explicar lo visual y lo táctil son, a su vez, dos sistemas táctiles y visuales y que el aposento que vemos (el “objetivo”) no es mayor que el imaginado (el “cerebral”) y no lo contiene, ya que se trata de dos sistemas visuales independientes. Berkeley (Principles of Human Knowledge, 10 y 116) negó asimismo las cualidades primarias —la solidez y la extensión de las cosas— y el espacio absoluto.
Berkeley afirmó la existencia continua de los objetos, ya que cuando algún individuo no los percibe, Dios los percibe; Hume, con más lógica, la niega (Treatise of Human Nature, I, 4, 2); Berkeley afirmó la identidad personal, “pues yo no meramente soy mis ideas, sino otra cosa: un principio activo y pensante” (Dialogues, 3); Hume, el escéptico, la refuta y hace de cada hombre “una colección o atadura de percepciones, que se suceden unas a otras con inconcebible rapidez” (obra citada, I, 4, 6). Ambos afirman el tiempo: para Berkeley, es “la sucesión de ideas que fluye uniformemente y de la que todos los seres participan” (Principles of Human Knowledge, 98); para Hume, “una sucesión de momentos indivisibles” (obra citada, I, 2, 2).
He acumulado transcripciones de los apologistas del idealismo, he prodigado sus pasajes canónicos, he sido iterativo y explícito, he censurado a Schopenhauer (no sin ingratitud), para que mi lector vaya penetrando en ese inestable mundo mental. Un mundo de impresiones evanescentes; un mundo sin materia ni espíritu, ni objetivo ni subjetivo; un mundo sin la arquitectura ideal del espacio; un mundo hecho de tiempo, del absoluto tiempo uniforme de los Principia; un laberinto infatigable, un caos, un sueño. A esa casi perfecta disgregación llegó David Hume.
Admitido el argumento idealista, entiendo que es posible —tal vez, inevitable— ir más lejos. Para Hume no es lícito hablar de la forma de la luna o de su color; la forma y el color son la luna; tampoco puede hablarse de las percepciones de la mente, ya que la mente no es otra cosa que una serie de percepciones. El pienso, luego soy cartesiano queda invalidado; decir pienso es postular el yo, es una petición de principio; Lichtenberg, en el siglo XVIII, propuso que en lugar de pienso, dijéramos impersonalmente piensa, como quien dice truena o relampaguea. Lo repito: no hay detrás de las caras un yo secreto, que gobierna los actos y que recibe las impresiones; somos únicamente la serie de esos actos imaginarios y de esas impresiones errantes. ¿La serie? Negados el espíritu y la materia, que son continuidades, negado también el espacio, no se qué derecho tenemos a esa continuidad que es el tiempo. Imaginemos un presente cualquiera. En una de las noches del Misisipí, Huckleberry Finn se despierta; la balsa, perdida en la tiniebla parcial, prosigue río abajo; hace tal vez un poco de frío. Huckleberry Finn reconoce el manso ruido infatigable del agua; abre con negligencia los ojos; ve un vago número de estrellas, ve una raya indistinta que son los árboles; luego, se hunde en el sueño inmemorable como en un agua oscura. [1] La metafísica idealista declara que añadir a esas percepciones una sustancia material (el objeto) y una sustancia espiritual (el sujeto) es aventurado e inútil; yo afirmo que no menos ilógico es pensar que son términos de una serie cuyo principio es tan inconcebible como su fin. Agregar al río y a la ribera percibidos por Huck la noción de otro río sustantivo de otra ribera, agregar otra percepción a esa red inmediata de percepciones, es, para el idealismo, injustificable; para mí, no es menos injustificable agregar una precisión cronológica: el hecho, por ejemplo, de que lo anterior ocurrió la noche del 7 de junio de 1849, entre las cuatro y diez y las cuatro y once. Dicho sea con otras palabras: niego, con argimientos del idealismo, la vasta serie temporal que el idealismo admite. Hume ha negado la existencia de un espacio absoluto, en el que tiene su lugar cada cosa; yo, la de un solo tiempo, en el que se eslabonan todos los hechos. Negar la coexistencia no es menos arduo que negar la sucesión.
Niego, en un húmero elevado de casos, lo sucesivo; niego, en un numero elevado de casos, lo contemporáneo también. El amante que piensa Mientras yo estaba tan feliz, pensando en la fidelidad de mi amor, ella me engañaba, se engaña: si cada estado que vivimos es absoluto, esa felicidad no fue contemporánea de esa traición; el descubrimiento de esa traición es un estado más, inapto para modificar a los “anteriores”, aunque no a su recuerdo. La desventura de hoy no es más real que la dicha pretérita. Busco un ejemplo más concreto. A principios de agosto de 1824, el capitán Isidoro Suárez, a la cabeza de un escuadrón de Húsares del Perú, decidió la victoria de Junín; a principios de agosto de 1824, De Quincey publicó una diatriba contra Wilhelm Meisters Lehrjahre; tales hechos no fueron contemporáneos (ahora lo son), ya que los dos hombres murieron, aquél en la ciudad de Montevideo, éste en Edimburgo, sin saber nada el uno del otro... Cada instante es autónomo. Ni la venganza ni el perdón ni las cárceles ni siquiera el olvido pueden modificar el invulnerable pasado. No menos vanos me parecen la esperanza y el miedo, que siempre se refieren a hechos futuros; es decir, a hechos que no nos ocurrirán a nosotros, que somos el minucioso presente. Me dicen que el presente, el specious present de los psicólogos, dura entre unos segundos y una minúscula fracción de segundo; eso dura la historia del universo. Mejor dicho, no hay esa historia, como no hay la vida de un hombre, ni siquiera una de sus noches; cada momento que vivimos existe, no su imaginario conjunto. El universo, la suma de todos los hechos, es una colección no menos ideal que la de todos los caballos con que Shakespeare soñó —¿uno, muchos, ninguno?— entre 1592 y 1594. Agrego: si el tiempo es un proceso mental ¿cómo pueden compartirlo millares de hombres, o aun dos hombres distintos?
El argumento de los párrafos anteriores, interrumpido y como entorpecido de ejemplos, puede parecer intrincado. Busco un método más directo. Consideremos una vicia en cuyo decurso las repeticiones abundan: la mía, verbigracia. No paso ante la Recoleta sin recordar que están sepultados ahí mi padre, mis abuelos y trasabuelos, como yo lo estaré; luego recuerdo ya haber recordado lo mismo, ya innumerables veces; no puedo caminar por los arrabales en la soledad de la noche, sin pensar que ésta nos agracia porque suprime los ociosos detalles, como el recuerdo; no puedo lamentar la perdición de un amor o de una amistad sin meditar que sólo se pierde lo que realmente no se ha tenido; cada vez que atravieso una de las esquinas del sur, pienso en usted, Helena; cada vez que el aire me trae un olor de eucaliptos, pienso en Adrogué, en mi niñez; cada vez que recuerdo el fragmento 91 de Heráclito: No bajarás dos veces al mismo río, admiro su destreza dialéctica, pues la facilidad con que aceptamos el primer sentido (“El río es otro”) nos importe clandestinamente el segundo (“Soy otro”) y nos concede la ilusión de haberlo inventado; cada ver que oigo a un germanófilo vituperan el yiddishL, rellexiono que el yiddish es, ante todo, un dialecto alemán, apenas maculado por el idioma del Espíritu Santo. Esas tautologías (y otras que callo) son mi vida entera. Naturalmente, se repiten sin precisión; hay diferencias de énfasis, de temperatura, de luz, de estado fisiológico general. Sospecho, sin embargo, que el número de variaciones circunstanciales no es infinito: podemos postular, en la mente de un individuo (o de dos individuos que se ignoran, pero en quienes se opera el mismo proceso), dos momentos iguales. Postulada esa igualdad, cabe preguntar: Esos idénticos momentos ¿no son el mismo? ¿No basta un salo término repetido para desbaratar y confundir la serie del tiempo? ¿Los fervorosos que se entregan a una línea de Shakespeare no son, literalmente, Shakespeare?
Ignoro, aún, la ética del sistema que he bosquejado. No sé si existe. El quinto párrafo del cuarto capítulo del tratado Sanhedrín de la Mishnah declara que, para la justicia de Dios, el que mata a un solo hombre, destruye el mundo; si no hay pluralidad, el que aniquilara a todos los hombres no sería más culpable que el primitivo y solitario Caín, lo cual es ortodoxo, ni más universal en la destrucción, lo que puede ser mágico. Yo entiendo que así es. Las ruidosas catástrofes generales —incendios, guerras, epidemias— son un solo dolor, ilusoriamente multiplicado en muchos espejos. Así lo juzga Bernard Shaw (Guide to Socialism, 86) : “Lo que tú puedes padecer es lo máximo que pueda padecerse en la tierra. Si mueres de inanición sufrirás toda la inanición que ha habido o que habrá. Si diez mil personas mueren contigo, su participación en tu suerte no hará que tengas diez mil veces más hambre ni multiplicará por diez mil el tiempo en que agonices. No te dejes abrumar por la horrenda suma de los padecimientos humanos; la tal suma no existe. Ni la pobreza ni el dolor son acumulables”. Cf. también The Problem of Pain, VII, de C. S. Lewis.
Lucrecio (De rerum natura, I, 830) atribuye a Anaxágoras la doctrina de que el oro consta de partículas de oro; el fuego, de chispas; el hueso, de huesitos imperceptibles. Josiah Royce, tal vez influido por San Agustín, juzga que el tiempo está hecho de tiempo y que “todo presente en el que algo ocurre es también una sucesión” (The World and the Individual, II, 139). Esa proposición es compatible con la de este trabajo.
“Deseo registrar aquí una experiencia que tuve hace unas noches: fruslería demasiado evanescente y extática para que la llame aventura; demasiado irrazonable y sentimental para pensamiento. Se trata de una escena y de su palabra: palabra ya antedicha por mí, pero no vivida hasta entonces con entera dedicación. Paso a historiarla, con los accidentes de tiempo y de lugar que la declararon.
Lo rememoro así. La tarde que precedió a esa noche, estuve en Barracas: localidad no visitada por mi costumbre, y cuya distancia de las que después recorrí, ya dio un sabor extraño a ese día. Su noche no tenía destino alguno; como era serena, salí a caminar y recordar, después de comer. No quise determinarle rumbo a esa caminata; procuré una máxima latitud de probabilidades para no cansar la expectativa con la obligatoria antevisión de una sola de ellas. Realicé en la mala medida de lo posible, eso que llaman caminar al azar; acepté, sin otro consciente prejuicio que el de soslayar las avenidas o calles anchas, las más oscuras invitaciones de la casualidad. Con todo, una suerte de gravitación familiar me alejó hacia unos barrios, de cuyo nombre quiero siempre acordarme y que dictan reverencia a mi pecho. No quiero significar así el barrio mío, el preciso ámbito de la infancia, sino sus todavía misteriosas inmediaciones: confín que he poseído entero en palabras y poco en realidad, vecino y mitológico a un tiempo. El revés de lo conocido, su espalda, son para mí esas calles penúltimas, casi tan efectivamente ignoradas como el soterrado cimiento de nuestra casa o nuestro invisíble esqueleto. La marcha me dejó en una esquina. Aspiré noche, en asueto serenísimo de pensar. La visión, nada complicada por cierto, parecía simplificada por mi cansancio. La irrealizaba su misma tipicidad. La calle era de casas bajas y aunque su primera significación fuera de pobreza, la segunda era ciertamente de dicha. Era de lo más pobre y de lo más lindo. Ninguna casa se animaba a la calle; la higuera oscurecía sobre la ochava; los portoncitos —más altos que las líneas estiradas de las paredes— parecían obrados en la misma sustancia infinita de la noche. La vereda era escarpada sobre la calle, la calle era de barro elemental, barro de América no conquistado aún. Al fondo, el callejón, ya pampeano, se desmoronaba hacia el Maldonado. Sobre la tierra turbia y caótica, una tapia rosada parecía no hospedar luz de luna, sino efundir luz íntima. No habrá manera de nombrar la ternura mejor que ese rosado.
Me quedé mirando esa sencillez. Pensé, con seguridad en voz alta: Esto es lo mismo de hace treinta años... Conjeturé esa fecha: época reciente en otros países, pero ya remota en este cambiadizo lado del mundo. Tal vez cantaba un pájaro y sentí por él un cariño chico, de tamaño de pájaro; pero lo más seguro es que en ese ya vertiginoso silencio no hubo más ruido que el también intemporal de los grillos. El fácil pensamiento Estoy en mil ochocientos y tantos dejó de ser unas cuantas aproximativas palabras y se profundizó a realidad. Me sentí muerto, me sentí percibidor abstracto del mundo; indefinido temor imbuido de ciencia que es la mejor claridad de la metafísica. No creí; no, haber remontado las presuntivas aguas del Tiempo; más bien me sospeché poseedor del sentido reticente o ausente de la inconcebible palabra eternidad. Sólo después alcancé a definir esa imaginación.
La escribo, ahora, así: Esa pura representación de hechos homogéneos —noche en serenidad, parecita límpida, olor provinciano de la madreselva, barro fundamental— no es meramente idéntica a la que hubo en esa esquina hace tantos años; es, sin parecidos ni repeticiones, la misma. El tiempo, si podemos intuir esa dentidad, es una delusión: la indiferencia e inseparabilidad de un momento de su aparente ayer y otro de su aparente hoy, basta para desintegrarlo.
Es evidente que el número de tales momentos humanos no es infinito. Los elementales —los de sufrimiento físico y goce físico, los de acercamiento del sueño, los de la audición de una sola música, los de mucha intensidad o mucho desgano— son más impersonales aún. Derivo de antemano esta conclusión: la vida es demasiado pobre para no ser también inmortal. Pero ni siquiera tenemos la seguridad de nuestra pobreza, puesto que el tiempo, fácilmente refutable en lo sensitivo, no lo es también en lo intelectual, de cuya esencia parece inseparable el concepto de sucesión. Quede pues en anécdota emocional la vislumbrada idea y en la confesa irresolución de esta hoja el momento verdadero de éxtasis y la insinuación posible de eternidad dee que esa noche no me fue avara”.
Berkeley negó la materia. Ello no significa, entiéndase bien, que negó los colores, los olores, los sabores, los sonidos y los contactos; lo que negó fue que, además de esas percepciones, que componen el mundo externo, hubiera dolores que nadie siente, colores que nadie ve, formas que nadie toca. Razonó que agregar una materia a las percepciones es agregar al mundo un inconcebible mundo superfluo. Creyó en el mundo aparencial que urden los sentidos, pero entendió que el mundo material (digamos, el de Toland) es una duplicación ilusoria. Observó (Principles of Hurnan KnowIedge, 3): “Todos admitirán que ni nuestros pensamientos ni nuestras pasiones ni las ideas formadas por nuestra imaginación existen sin la mente. No menos claro es para mí que las diversas sensaciones o ideas impresas en los sentidos, de cualquier modo que se combinen (id, est, cualquiera sea el objeto que formen), no pueden existir sino en alguna mente que las perciba... Afirmo que esta mesa existe; es decir, la veo y la toco. Si, al haber dejado esta habitación, afirmo lo mismo, sólo quiero manifestar que si yo estuviera, aquí la percibiría, o que la percibe algún otro espíritu... Hablar de la existencia absoluta de cosas inanimadas, sin relación al hecho de si las perciben o no, es para mí insensato. Su esse es percipi; no es posible que existan fuera de las mentes que las perciben”. En el párrafo 23 agregó, previniendo objeciones: “Pero, se dirá, nada es más fácil que imaginar árboles en un parque o libros en una biblioteca, y nadie cerca de ellos que los percibe. En efecto, nada es más fácil. Pero, os pregunto, ¿qué habéis hecho sino formar en la mente algunas ideas que llamáis libros o árboles y omitir al mismo tiempo la idea de alguien que las percibe? Vosotros, mientras tanto, ¿no las pensábais? No niego que la mente sea capaz de imaginar ideas; niego que las ideas pueden existir fuera de la mente”. En el párrafo 6 ya había declarado: “Hay verdades tan claras que para verlas nos basta abrir los ojos. Tal es la importante verdad: Todo el coro del cielo y los aditamentos de la tierra —todos los cuerpos que componen la enorme fábrica del universo— no existen fuera de una mente; no tienen otro ser que ser percibidos; no existen cuando no los pensamos, o sólo existen en la mente de un Espíritu Eterno”. (El dios de Berkeley es un ubicuo espectador cuyo fin es dar coherencia al mundo.)
La doctrina que acabo de exponer ha sido interpretada perversalmente. Herbert Spencer cree refutarla (Principles of Psychology, VIII, 6), razonando que si nada hay fuera de la conciencia, ésta debe ser infinita en el tiempo y en el espacio. Lo primero es cierto si comprendemos que todo tiempo es tiempo percibido por alguien, erróneo si inferimos que ese tiempo debe, necesariamente, abarcar un número infinito de siglos; lo segundo es ilícito, ya que Berkeley (Principles of Human Knowledge, 116; Siris, 266) repetidamente negó el espacio absoluto. Aun más indescifrable es el error en que Schopennhauer incurre (Welt als Wille und Vorstellung, II, 1), al enseñar que para los idealistas el mundo es un fenómeno cerebral: Berkeley, sin embargo, había escrito (Dialogues Between Hylas and Philonus, II) : “El cerebro, como cosa sensible, sólo puede existir en la mente. Yo querría saber si juzgas razonable la conjetura de que una idea o cosa en la mente ocasione todas las otras. Si contestas que sí, ¿cómo explicarás el origen de esa idea primaria o cerebro?”. El cerebro, efectivamente, no es menos una parte del mundo externo que la constelación del Centauro.
Berkeley negó que hubiera un objeto detrás de las impresiones de los sentidos; David Hume, que hubiera un sujeto detrás de la percepción de los cambios. Aquél había negado la materia, éste negó el espíritu: aquél no hahía querido que agregáramos a la sucesión de impresiones la noción metafísica de materia, este no quiso que agregáramos a la sucesión de estados mentales la noción metafísica de un yo. Tan lógica es esa ampliación de los argumentos de Berkeley que éste ya la había previsto, como Alexander Campbell Fraser hace notar, y hasta procuró recusarla mediante el ergo sum cartesiano. “Si tus principios son valederos, tú mismo no eres más que un sistema de ideas fluctuantes, no sostenidas por ninguna sustancia, ya que tan absurdo es hablar de sustancia espiritual como de sustancia material”, razona Hylas, anticipándose a David Hume, en el tercero y último de los Dialogues. Corrobora Hume, (Treatise of Human Nature, I, 4, 6): “Somos una colección o conjunto de percepciones, que se suceden unas a otras con inconcebible rapidez... La mente es una especie de teatro, donde las percepciones aparecen, desaparecen, vuelven y se combinan de infinitas maneras. La metáfora no debe engañarnos. Las percepciones constituyen la mente y no podemos vislumbrar en qué sitio ocurren las escenas ni de qué materiales está hecho el teatro”.
Admitido el argumento idealista, entiendo que es posible —tal vez, inevitable— ir más lejos. Para Berkeley, el tiempo es “la sucesión de ideas que fluye uniformemente y de la que todos los seres participan” (Principles of Human Knowledge, 98); para Hume, “una sucesión de momentos indivisibles” (Treatise of Human Nature, I, 2, 3). Sin embargo, negadas la materia y el espíritu, que son continuidades, negado también el espacio, no sé con qué derecho retendremos esa continuidad que es el tiempo. Fuera de cada percepción (actual o conjetural) no existe la materia; fuera de cada estado mental no existe el espíritu; tampoco el tiempo existirá fuera de cada instante presente. Elijamos un momento de máxima simplicidad: verbigracia, el del sueño de Chuang “Tzu (Herbert Allen Giles: Chuang Tzu, 1889). Éste, hará unos veinticuatro siglos, soñó que era una mariposa y no sabía al despertar si era un hombre que había soñado ser una mariposa o una mariposa que ahora soñaba ser un hombre. No consideremos el despertar, consideremos el momento del sueño; o uno de los momentos. “Soñé que era una mariposa que andaba por el aire y que nada sabía de Chuang Tzu”, dice el antiguo texto. Nunca sabremos si Chuang Tzu vio un jardín sobre el que le parecía volar o un móvil triángulo amarillo, que sin duda era él, pero nos consta que la imagen fue subjetiva, aunque la suministró la memoria. La doctrina del paralelismo psicofísico juzgará que a esa imagen debió de corresponder algún cambio en el sistema nervioso del soñador; según Berkeley, no existía en aquel momento el cuerpo de Chuang Tzu, ni el negro dormitorio en que soñaba, salvo como una percepción en la mente divina. Hume simplifica aun más lo ocurrida. Según él, no existía en aquel momento el espíritu de Chuang Tzu; sólo existían los colores del sueño y la certidumbre de ser una mariposa. Existía como término momentáneo de la “colección o conjunto de percepciones” que fue, unos cuatro siglos antes de Cristo, la mente de Chuang Tzu; existían como término n de una infinita serie temporal, entre n — I y n + I. No hay otra realidad, para el idealismo, que la de los procesos mentales; agregar a la mariposa que se percibe una mariposa objetiva le parece una vana duplicación; agregar a los procesos un yo le parece no menos exorbitante. Juzga que hubo un soñar, un percibir, pero no un soñador ni siquiera un sueño; juzga que hablar de objetos y de sujetos es incurrir en una impura mitología. Ahora bien, si cada estado psíquico es suficiente, si vincularlo a una circunstancia o a un yo es una ilícita y ociosa adición, ¿con qué derecho le impondremos después, un lugar en el tiempo? Chuang Tzu soñó que era una mariposa y durante aquel sueño no era Chuang Tzu, era una mariposa. ¿Cómo, abolidos el espacio y el yo, vincularemos esos instantes a los del despertar y a la época feudal de la historia china? Ello no quiere decir que nunca sabremos, siquiera de manera aproximativa, la fecha de aquel sueño; quiere decir que la fijación cronológica de un suceso, de cualquier suceso del orbe, es ajena a él, y exterior. En la China, el sueño de Chuang Tzu es proverbial; imaginemos que de sus casi infinitos lectores, uno sueña que es una mariposa y luego que es Chuang Tzu. Imaginemos que, por un azar no imposible, este sueño repite puntualmente el que soñó el maestro. Postulada esa igualdad, cabe preguntar: Esos instantes que coinciden ¿no son el mismo? ¿No basta un solo término repetido para desbaratar y confundir la historia del mundo, para denunciar que no hay tal historia?
Negar el tiempo es dos negaciones: negar la sucesión de los términos de una serie, negar el sincronismo de los términos de dos series. En efecto, si cada término es absoluto, sus relaciones se reducen a la conciencia de que esas relaciones existen. Un estado precede a otro si se sabe anterior; un estado de G es contemporáneo de un estado de H si se sabe contemporáneo. Contrariamente a lo declarado por Schopenhauer[2] en su tabla de verdades fundamentales (Welt als Wille and Vorstellung, II, 4), cada fracción de tiempo no llena simultáneamente el espacio entero, el tiempo no es ubicuo. (Claro está que, a esta altura del argumento, ya no existe el espacio.)
Meinong, en su teoría de la aprehensión, admite la de objetos imaginarios: la cuarta dimensión, digamos, o la estatua sensible de Condillac o el animal hipotético de Lotze o la raíz cuadrada de — I. Si las razones que he indicado son válidas, a ese orbe nebuloso pertenecen también la materia, el yo, el mundo externo, la historia universal, nuestras vidas.
Por lo demás, la frase negación del tiempo es ambigua. Puede significar la eternidad de Platón o de Boecio y también los dilemas de Sexto Empírico. Éste (Adversus mathematicos, XI, 197) niega el pasado, que ya fue, y el futuro, que no es aún, y arguye que el presente es divisible o indivisible. No es indivisible, pues en tal caso no tendría principio que lo vinculara al pasado ni fin que lo vinculara al futuro, ni siquiera medio, porque no tiene medio lo que carece de principio y de fin; tampoco es divisible, pues en tal caso constaría de una parte que fue y de otra que no es. Ergo, no existe, pero como tampoco existen el pasado y el porvenir, el tiempo no existe. F. H. Bradley redescubre y mejora esa perplejidad. Observa (Appearance and Reality, IV) que si el ahora es divisible en otros ahoras, no es menos complicado que el tiempo, y si es indivisible, el tiempo es una mera relación entre cosas intemporales. Tales razonamientos, como se ve, niegan las partes para luego negar el todo; yo rechazo el todo para exaltar cada una de las partes. Por la dialéctica de Berkeley y de Hume he arribado al dictamen de Schopenhauer: “La forma de la aparición de la voluntad es sólo el presente, no el pasado ni el porvenir; éstos no existen más que para el concepto y por el encadenamiento de la conciencia, sometida al principio de razón. Nadie ha vivido en el pasado, nadie vivirá en el futuro: el presente es la forma de toda vida, es una posesión que ningún mal puede arrebatarle... El tiempo es como un círculo que girara infinitamente: el arco que desciende es el pasado, el que asciende es el porvenir; arriba, hay un punto indivisible que toca la tangente y es el ahora. Inmóvil como la tangente, ese inextenso punto marca el contacto del objeto, cuya forma es el tiempo, con el sujeto, que carece de forma, porque no pertenece a lo conocible y es previa condición del conocimiento” (Welt als Wille und Vorstellung, I, 54). Un tratado budista del siglo V, el Visuddhimagga (Camino de la Pureza), ilustra la misma doctrina con la misma figura: “En rigor, la vida de un ser dura lo que una idea. Como una rueda de carruaje, al rodar, toca la tierra en un solo punto, dura la vida lo que dura una sola idea” (Radhakrishman: Indian Philosophy, I, 373). Otros textos budístas dicen que el mundo se aniquila y resurge seis mil quinientos millones de veces por día y que todo hombre es una ilusión, vertiginosamente obrada por una serie de hombres momentáneos y solos. “El hombre de un momento pretérito —nos advierte el Camino de la pureza— ha vivido, pero no vive ni vivirá; el hombre de un momento futuro vivirá, pero no ha vivido ni vive; el hombre del momento presente vive, pero no ha vivido ni vivirá” (obra citada, I, 407), dictamen que podemos comparar con éste de Plutarco (De E apud Delphos, 18): “El hombre de ayer ha muerto en el de hoy, el de hoy muere en el de mañana.”
And yet, and yet... Negar la sucesión temporal, negar el yo, negar el universo astronómico, son desesperaciones aparentes y consuelos secretos. Nuestro destino (a diferencia del infierno de Swedenborg y del infierno de la mitología tibetana) no es espantoso por irreal; es espantoso porque es irreversible y de hierro. El tiempo es la sustancia de que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. El 'mundo, desgraciadamente, es real; yo, desgraciadamente, soy Borges.
Freund, es ist auch genug. Im Fall du mehr willst lesen,
So geh und werde selbst die Schrift und selbst das Wesen.
(Angelus Silesius: Cherubinischer Wandersmann, VI, 263. 1675).
[2] Antes, por Newton, que afirmó: “Cada partícula de espacio es eterna, cada indivisible momento de duración está en todas partes,, (Principia, III, 42).
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